DANNY Y ROBERTA

La historia de Danny y Roberta es algo más que un encuentro, es algo más que un análisis del azar, de la vida difícil, del hastío y de la pérdida de esperanza. Es algo más y no es tampoco una simple historia de amor.

Para su autor, John Patrick Shanley (Nueva York, 1950), estos dos personajes pertenecen a la noche, a un ambiente pobre y resentido, donde la ambición tiene mucho que ver con las cosas pequeñas y aparentemente sencillas. Dos vidas rotas, ciegas -este es el punto de partida-, que se encuentran y se ven. Dos seres que en este destello reconocen no ser ni tan distintos, ni tan raros. Sí tan infelices.


REPARTO

John Patrick Shanley

Autor de la obra

Nació en 1950 en El Bronx, Nueva York. Comenzó su carrea como dramaturgo en 1978. No sería hasta el año 1984 cuando estrenó ‘Danny y Roberta’ en Londres. Shanley ha recibido premios como el Oscar al mejor guión original por Hechizo de luna y varios de sus guiones lograron un gran éxito de taquilla como en Joe contra el volcán. En su labor como dramaturgo, Shanley obtuvo el premio Pulitzer y el Tony por ‘A parable’, que él mismo se encargó en 2008 de llevar al cine.

FICHA ARTÍSTICA

ILUMINACIÓN: FELYPE DE LIMA

SONIDO: JAVIER ALMELA

VESTUARIO: SERGIO RODRÍGUEZ

COREOGRAFÍA: JANET NOVAS

MÚSICA/CANTANTE: ESTER RODRÍGUEZ

FOTOGRAFÍA: DAVID SAGASTA

DISEÑO: SÁNCHEZ DE ROJA FOTOGRAFÍA

Danny y Roberta son dos seres al margen de todo eso, que se han pasado su existencia navegando por un espacio sólo reconocido por ellos. Un rincón interior hosco, muy erosionado por chocar continuamente con la normalidad de los otros: los seres contentos, prudentes, sin tacha. Ellos son bailarines de una danza apache -como bien reza el subtítulo original de la obra-, de una coreografía loca e imprudente que sigue un ritmo musical maldito, extenuante. Subversivo e incomprensible para los que quieren coherencia y tranquilidad. Danny y Roberta son dos seres humanos heridos, pero no dolientes, que se han habituado a caminar a oscuras, a no dar oportunidades, a no soñar ni a hacerse ilusiones, porque saben que no se puede ser feliz, porque siempre hay algo que te lo impide. Eso piensan antes de que la mesa de ese bar les obligue a conocerse y les conceda el regalo imprevisto de ver la luz, de dar con la ternura, con la protección, con el descubrimiento de un alma gemela, igual de descarnada. Un rescate que dura muy pocas horas y donde esas dos vidas cenicientas están obligadas a no encontrar el otro zapato después del baile.

Danny y Roberta son conscientes de ello, porque su condición de marginados les hace ver con una claridad pasmosa el futuro, sin sobresaltos, intentan purificarse, reconocerse en el otro durante ese momento. Pero poco a poco van bajando la guardia y nos permiten presenciarles más próximos y nada extraños: desnudos, vulnerables, sin ganas de atacar o de defenderse ante el mundo. Como todos cuando hallamos la calma y la cabeza nos deja descansar.

Quién sabe. Quizá Danny y Roberta son uno, un él o un ella que en un rato de hastío se pone a anhelar a alguien con quien compartir tanto desencanto. Un Danny que siente la necesidad de mirarse al corazón como si fuera un espejo roto para hallar a una Roberta, o al revés, con quien sentirse a gusto, digno de tener un mundo, capaz de poderlo compartir para luego poder recordarlo al menos. Cuando vuelvan a estar solos.

La historia de Danny y Roberta es algo más que un encuentro, es algo más que un análisis del azar, de la vida difícil, del hastío y de la pérdida de esperanza. Es algo más y no es tampoco una simple historia de amor.

Para su autor, John Patrick Shanley (Nueva York, 1950), guionista de películas como Hechizo de luna (1987), El asesino del calendario (1989), Viven (1993) o Congo (1995), estos dos personajes pertenecen a la noche, a un ambiente pobre y resentido, donde la ambición tiene mucho que ver con las cosas pequeñas y aparentemente sencillas. Dos vidas rotas, ciegas -este es el punto de partida-, que se encuentran y se ven. Dos seres que en este destello reconocen no ser ni tan distintos, ni tan raros. Sí tan infelices.

Shanley asegura que escribió esta obra entre 1982 y 1983 en un momento personal terrible. Danny y Roberta (Danny and the Deep Blue Sea es el título original) le sirvió para superarlo. Su mensaje y resultado son pues esperanzadores y de superación. Un barrio tan violento como el Bronx le permitió tomar prestada esa realidad para explorar en ella y dramatizar sobre los extremos en los que se dividen los sentimientos relacionados con la vida y el amor. También se planteó si es posible o no cambiar el sentido de nuestra vida sólo con proponérnoslo. ¿Hasta qué punto tiene fuerza y capacidad de convicción nuestra voluntad como para dar la vuelta, o simplemente un giro, a nuestra existencia? ¿Basta con perseverar para reconducir las cosas, para dotar de horizonte al futuro y mitigar ese pasado hiriente que parece dispuesto a no olvidar?

Danny y Roberta es un texto explosivo. Te golpea. Shanley reconoce que nunca la ha visto sin llorar. “Es como conseguir atrapar una tormenta”, apunta. Los personajes y su situación te llevan de un extremo a otro, te vapulean de un modo visceral.